domingo, 10 de abril de 2016

XXXIII Aarón — Aprendiendo la lección





“¿Es de noche?”. Sí, definitivamente era de noche. Aarón lo sentía en cada partícula vibrando debajo de su piel, como un millar de insectos que picoteaban la carne muerta y rebuscaban entre los órganos un lugar donde alimentarse y reproducirse. 
“Tengo hambre. No, es sed. Es hambre y sed”. Lo mismo daba, el escozor al fondo de su garganta se debía a esa razón. Y la sequedad en los ojos, las manos agrietadas y los músculos acartonados y doloridos. “No, de eso ya no hay. No es dolor, es…”. El sonido de las finas patas de una araña recorriendo su pantalón vaquero lo sacaron de sus pensamientos. La cogió y se la llevó a la boca. Escupió. “Una gota de sangre”. No sirvió ni para darle un triste consuelo. Suspiró.