domingo, 4 de octubre de 2015

XXX Tesh — Juego de distracción



"Nueve, no”, Tesh se corrigió mentalmente, contando en silencio mientras subía a paso ligero hacia su despacho, “nueve puñetazos y medio”. Hacía más de un siglo que ningún humano era capaz de pegarle. Ni siquiera rozarlo. “He bajado la guardia. Me he confiado y un mortal acaba de atizarme”. Tenía ganas de agujerear con su cabeza hueca el muro de hormigón de la facultad, “por imbécil”.
¿Qué había empujado a Matt a golpearle? ¿Celos? ¿Envidia? ¿Acaso sabía más de lo que aparentaba? Al menos la idea de preparar con antelación el encuentro, vaciando media facultad y ahuyentando a oídos entrometidos, había facilitado tener que explicar aquella incómoda situación. Un profesor adjunto agredido repentinamente por un alumno solo habría atraído más la atención sobre su persona. Y necesitaba pasar desapercibido, ahora más que nunca, si quería seguir acercándose a la misteriosa humana Ariadna.
Sin embargo, podía concluir que la cita había sido prácticamente un desastre. Él se sentía el más perjudicado de todos.
Bastante tuvo con contener el ansia nada más saborear la sangre de Matt. La necesidad vino tan súbitamente que dejó marcas en la silla volcada por retener a la bestia y no lanzarse a la yugular de su amigo. “¿Amigo? Lo he descuidado demasiado”. Podría haberlo convertido en un sirviente útil para la Comunidad y si ahora sospechaba de su naturaleza, de su confianza, los años de trabajo domándolo y educándolo se irían al traste.
Tesh se lamió los labios, con los últimos restos de sangre en la comisura y sintió un escalofrío de placer. “Tengo que alimentarme mejor”, se regañó. “Sobre todo si quiero centrarme en mi objetivo de una maldita vez”.
Centrarse, eso era. Debía apartar de su mente los pensamientos inútiles y dejar de ofuscarse. Puede que tuviera que volver a usar sus clásicos métodos de persuasión para lograrlo, y para ello le convenía contar con el beneplácito del Kral, Luka. Que fueran familia reducía enormemente el papeleo. Él era un hermano con el que podía contar, no como el otro… A Gideon le habría encantado el espectáculo de ver a su hermano mayor en el suelo por culpa de un mortal. “Gideon”. Una idea fugaz le hizo detenerse en medio del pasillo, desierto, y volvió a la reflexión sobre la ruptura de su barrera. “¿Cómo pudo Matt traspasarla?”. Es más, visto en perspectiva, juraría que el brillo en su mirada tenía una pizca de carisma, un poco de magia que usaban los suyos. Pocas criaturas eran capaces de ignorar y eludir ese poder, menos aún de un vampiro tan antiguo como él. “A menos que tuviera ayuda...” .
El profesor aceleró el paso, llegando a la puerta de su despacho más veloz que cualquier ser humano. Se dirigió a su mesa y abrió el último cajón, forzando la cerradura de un rápido tirón. 
“No está”. El pendrive. “Mis informes. Mi misión en Moscú. No está”. O su versión ligera. Tesh sonrió. “Maldito hermano pequeño del demonio”. ¿Cómo iba a poder concentrarse con esos infantiles juegos de distracción?





 
 Derechos reservados por la autora, Enara L. de la Peña / Fotografía Laura Makabresku.

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