domingo, 2 de agosto de 2015

XXVIII Ariadna — Desconfianza premeditada



—No confío en ti.
—Es lógico y haces bien. —Tesh se encogió de hombros, demostrando su más absoluta indiferencia—. Yo tampoco confío en los míos.
—Entonces, ¿qué es lo que quieres? —Ariadna no veía más que un sinsentido tras otro—. ¿Que te abra mi mente y mi corazón con total franqueza? ¿Que te dé vía libre para diseccionarme después de firmar un papel de consentimiento?
—Tan solo déjame ayudarte.
Ella no supo qué contestar. “¿Necesito ayuda?”. Tuvo que reprimir un intenso ataque de risa, mezcla de autocompasión y delirio. “Sí, a montones”. Pero precisamente por criaturas como la que tenía frente a ella se encontraba en esa situación.
—¿Acaso no te has preguntado el porqué? —continuó sin darle tiempo a rechazar su proposición—. ¿Por qué puedes vernos? ¿Cuál es la razón de que seas capaz de reconocernos y por qué ese mismo don te hace tan interesante para nosotros? —Tesh se inclinó en la mesa, tan cerca que si respirara habría sentido su aliento acariciándole las mejillas. Con ella no tenía que disimular—. Por qué, Ariadna.
—No… no lo sé —contestó ella, sobrepasada por la cascada de preguntas que, inevitablemente, habían inundado alguna vez su cabeza.
—Yo puedo averiguarlo. —Alzó el rostro, contemplando el techo en un claro gesto de reflexión—. Conozco a gente, sabría dónde preguntar, a quién acudir. Tu vida está unida de alguna forma a nuestra existencia, eso facilitará la búsqueda. —Volvió la atención hacia la silenciosa Ariadna. A esa distancia pudo apreciar un halo dorado alrededor del iris castaño del vampiro, intensificando su brillo al ritmo que aumentaban sus expectativas —. Si me permites empezar.
¿Era eso lo que quería? ¿Tan necesitada estaba de una explicación veraz? ¿De alguna razón lógica y con sentido a todos sus problemas? Más aún, “¿quiero que un vampiro indague y descubra lo que realmente soy?”. Para eso sí que tenía una respuesta clara, contundente y monosílaba.
—¿Qué está pasando aquí?
La repentina aparición de una tercera voz pilló a Ariadna con la boca abierta. Se giró hacia la puerta de la cafetería y vio a Matt, empapado y con el rostro desencajado, adentrándose en una escena de la que desconocía el papel que interpretaba. No necesitó un segundo vistazo para saber que había algo raro en su novio, pero apenas tuvo tiempo para pensar con calma.
—¡He dicho que qué está pasando!
Tesh permaneció inmóvil en la silla, al parecer la presencia de otro humano le descolocó por completo, ¿acaso no lo había percibido? ¿Olfateado o algo así? ¿Es que el truco de ahuyentar a los inferiores mortales no había funcionado con él? Ambos se quedaron mirando al recién llegado que sin mediar palabra se abalanzó sobre el vampiro, tirándolo de la silla y lanzando puñetazos a diestro y siniestro. Ariadna se quedó petrificada, contemplando el cuadro como si no formara parte de él, hasta que vio la sangre y despertó.




Derechos reservados por la autora, Enara L. de la Peña / Fotografía Laura Makabresku

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