domingo, 15 de marzo de 2015

PYATNADTSAT.


Siento mi erección clavándose en su cintura, en su carne, tierna, blanda, empapada en sudor y colonia prestada. Joder, necesito poseerla, necesito lo que hay debajo de su fina y arañada piel. Beso sus labios carnosos, su mentón, desciendo por el cuello, los senos… y muerdo. Ella chilla, así que le tapo la boca con mi mano.
—Sshhh, tranquila, tranquila. Ya está.
Por esto escogí vivir en el barrio Kirovski, a las afueras de San Petersburgo, lleno de casas reformadas de la era soviética, de apenas 50 metros cuadrados. Más que suficiente. Cruzando el patio interior, encima del tercer piso y dos puertas más a la izquierda, hay un corazón dibujado en el felpudo. Su significado es evidente para cualquiera con dos ojos y un poco de paciencia. Hombres que entran y salen, mujeres gritando en croata, eslovaco y lituano, peleas ocasionales causadas por oleadas de alcohol que suelen terminar con llamadas a la policía. Un prostíbulo barato y de mala calidad. Es lo más parecido a un restaurante que me puedo permitir.
Sé cómo hacer que olviden mi cara, que nadie recuerde mi presencia, que la aparición de una chica muerta no sea una sorpresa y se encarguen de su cuerpo sin hacer preguntas. ¿Magia negra? Un poco, además de extorsión e intimidación, claro. Sí, lo sé, no tengo alma, pero a veces el hambre puede hasta con la criatura más bondadosa. Y mi hambre es voraz.
En otras circunstancias con una rápida visita al hospital sería suficiente. Dmitri estaría encantado de echarme una mano y que le debiera otra. Pero no hay tiempo y esos sitios me irritan, con su olor a desinfectante y muerte rancia, con sangre recién derramada y humanos convertidos en bolsas de fluidos salados. Es como pasar frente a una pollería, con la carne grasienta goteando por las barras de metal, brillando, doradita, al otro lado del cristal. Y yo babeo, por supuesto, ¿quién no lo haría estando muerto de hambre?
Vuelvo al presente y contemplo a la chica. Será otra Katya, Annushka o Lilya. Cree que es un juego, que tal vez la golpearé un poco y saldrá de aquí con alguna costilla magullada y moratones en los muslos. Disfruto con ese segundo de vana esperanza, y es en estos momentos cuando más me odio. Pero el hambre es el hambre, y una mortal no cambiará un ápice mi ser. Me mira a los ojos y observo mi reflejo en ellos, rodeado por un aura de terror y fascinación. Tal vez empujado por la piedad o la curiosidad, me deshago de la máscara sobrenatural y le permito ver mis dientes afilados como cuchillas y el iris fundido con la retina, completamente negro. Entonces ella lo sabe. Sabe que va a morir y no podrá hacer nada por defenderse. Casi noto el suspiro de alivio cuando su cuerpo se relaja ante la certeza de su inevitable final. Siento lástima por ella, que en realidad estaba deseando que ocurriera.
—Ya está, cielo, ya está…
Aprieto las manos y le parto el cuello con un movimiento rápido.
Me gustaría decir que cae una lágrima de mis desquiciados ojos, que un fragmento de mi alma se desprende, que esta noche no conciliaré el sueño y pensaré en sus largas pestañas y el olor a violetas de su pelo. Siento decepcionaros. Llevo demasiado tiempo haciendo esto como para que me afecte. Es mi vida, mi naturaleza. Me guste o no, debo aceptarlo. 
Así que, que aproveche.



<<  CHETYRNADTSAT. 

Derechos reservados por la autora, Enara L. de la Peña / Imagen Peter Ortiz

3 comentarios:

  1. wooooooow esta super genial. me encanta la forma en la que me tienes pegada a la pantalla leyendo. mas que genial.

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    1. Me alegro :) Espero tenerte igual de pegada hasta el final de la historia... Y un poco más ;) Gracias por tu entusiasmo y comentarios.

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  2. "Tal vez empujado por la piedad o la curiosidad, me deshago de la máscara sobrenatural y le permito ver mis dientes afilados como cuchillas y el iris fundido con la retina, completamente negro. Entonces ella lo sabe."

    Y cuando desvelas tu propia naturaleza, ya no hay marcha atrás. Lo vuelvo a leer y engancha como si fuese la primera vez.

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