viernes, 2 de enero de 2015

DESIAT.



Necesito sangre caliente, carne fresca y chorreante, órganos húmedos recién arrancados de las entrañas de un extraño. Su arrogante presencia sobrenatural solo aumenta mi apetito y con mi dieta voy a acabar explotando y metiendo la zarpa entre las costillas de cualquier humano. Estoy empezando a cansarme de tanta gilipollez. O puede que simplemente esté cabreado porque el muerto de hambre me ha sacado más de lo que esperaba.

—Ha comido bien —le digo a la bruja. Sentada en medio del sofá con las piernas cruzadas, es la reina del lugar. Lo sabe y lo recalca. Dioses, cuánto la odio y la...

—Gracias —responde ella. Y lo dice de verdad. Mierda. Su sinceridad me desarma.


—Pronto amanecerá. —Cambio de tema recuperando los restos del pitillo medio apagado. A este ritmo tendré que comprar más. Menos mal que el alquitrán no puede con mis pulmones. Recorre mis venas desde mi concepción, entre otras cosas. Miro de reojo al vampiro que, pese al atracón, empieza a dar cabezadas—. ¿Qué quieres hacer con él? No tardará en dormirse, pero mientras podemos interrogarlo, seguro que con el dolor adecuado... —Pienso en el maletín oculto en el falso fondo del armario. Debería limpiar las herramientas antes de usarlas.

—Es cierto que aún tiene mucho que contar —murmura ella y se mordisquea el labio, dubitativa. Va a pedírmelo. Siempre pone esa cara de niña inocente y virginal. Abre mucho los ojos, dándole un cariz dulce a su expresión. Nada Di. Habla en voz baja—. Sasha...

Joder. Mierda.

—Vale. —Levanto las manos, vencido—. Que se quede. ¡Un día! —remarco antes de que se ponga a dar botes—. Al anochecer se larga o lo descuartizo.

No amenazo en vano. Sin embargo, Di se levanta de un brinco y una sonrisa ilumina su rostro de pura felicidad. Sabe manipularme demasiado bien. La muy zorra.

—Bien. Yo también dormiré un poco y en unas horas me acercaré a su casa y después a la escuela de enfermería. Alguien tiene que saber algo de...

—¿De qué? ¿Que está muerto? —Palpo la irregular marca de mi antebrazo, mañana no habrá ni cicatriz—. Puede. Pero son mortales, estúpidos y descerebrados por definición, no sabrán nada.

Los ojos de Di echan chispas. Sabe de antemano que sus pesquisas no darán resultado.

—Pues haz algo y sé un hermano útil. —Mastica cada sílaba con rabia contenida, como si estuvieran rellenas de veneno—. Recuerda que alguien quiere matarme y la familia está para protegerse, ¿no?

Ahí me ha pillado. A estas alturas pocas palabras resumen tan bien nuestra relación como 'familia'. Amor, odio, gritos, pasión y montones de insultos. Me provoca... Ella me provoca...

—Llamaré a Mordekai. —Creo que lo he mencionado hace un momento. Es inevitable tenerlo presente. Ése sí que es un cabrón—. Él sabe. Entiende. Escucha. —Me encojo de hombros—. Preguntaré a ver.

—Bien.

Su voz suena terriblemente aguda y falsa. Puede que esto cree más problemas que soluciones. A la mierda. Es mejor que nada. Ella se marcha, dejando un olor a flores salvajes revoloteando por todo el salón. Me maneja como le da la gana. Puta bruja. Sonrío con malicia y pateo al vampiro. Sí, familia.





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Derechos reservados por la autora, Enara L. de la Peña / Fotografía de Peter Ortiz

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