jueves, 11 de diciembre de 2014

BOSIEM.

Hacía mucho que no me despertaba por culpa de unos gemidos agónicos. Aunque también hace una eternidad que no me desmayo de puro agotamiento. Está siendo una noche de mierda, y no soy la única que la está sufriendo. Me levanto del sofá con el vestido a la altura de la cintura y en dos pasos me coloco detrás de Sasha. Dejo caer la mano con fuerza y firmeza sobre su nuca. El bofetón resuena en las desconchadas paredes. 
—¡Sasha! ¡Quieto!
Él suelta la presa y se gira hacia mí, su breve instinto asesino remite en cuanto se cruza con mis ojos. No me intimida, y sabe que jamás lo hará. Así que responde cabreado.
—Joder, Di, no me das ni un respiro.
—¿Un respiro? ¡Ibas a matarlo!
—¿Matarlo otra vez? —Sonríe con malicia, mostrándome una ristra de dientes afilados.
—Sí, bueno, otra vez. —Que tenga razón solo hace que mi voz suene más áspera.
—Tú ya te lo has cargado dos veces, ¿no me merezco alguna recompensa por las molestias?
—¿Molestias? Deja de quejarte, esto no es nada comparado con lo de tu hermanastro Mordekai, o lo de ese primo tuyo que solo perseguía a viudas menopáusicas. Por poco acaba con medio vecindario, y si no fuera por mí…
—Vale, de acuerdo, eres una magnífica amiga y mi familia está como una puta cabra. No mataré a este saco de huesos.
Sasha se sienta despreocupado junto al vampiro, que me perfora con la mirada. Su escrutinio remueve la ira que caldea mis entrañas. 
—¿Qué! ¿Es que tengo monos en…? —Me toco la frente y noto el líquido pegajoso—. Oh…
Voy al servicio y presiono ligeramente la ceja. Aprieto los labios por el quemazón al cerrar la herida y soplo sobre la mano manchada, evaporando la sangre y eliminando cualquier rastro que desconcentre a Alexandr. Aun así no está bien, nada bien. De poco me sirve un monigote muerto de hambre. Camino de vuelta al salón y apoyo la mano en mi cintura.  
—Sasha, tienes que ayudarle.
Soy malísima pidiendo favores.
—Ni hablar. —Rebusca en el bolsillo de su pantalón hasta dar con el paquete de tabaco. 
—Vamos… Necesito que hable y ahora está más centrado en mis venas y en cómo dejarme seca.
—Puede que no sea el único —sugiere con esa expresión antinatural, tan familiar.
—Déjate de gilipolleces y hazlo —le regaño, quitándole de un manotazo el cigarrillo.
Él resopla.
—De acuerdo, pero no le va a gustar. —Saca otro cigarrillo y me mira, con el iris fundido en esa sombra de odio que da forma a nuestra amistad—. A mí no me va a gustar.
—Ya, claro. 
Otra pequeña victoria. Me doy una palmadita mental y observo en silencio cómo Sasha, con el cigarrillo apagado en el suelo, se muerde el antebrazo sin pestañear y se lo ofrece al famélico vampiro. Puaj. A mí tampoco me va a gustar.
 

 Derechos reservados por la autora, Enara L. de la Peña / Fotografía de Asalisinasa

2 comentarios:

  1. "A mí tampoco me va a gustar". A nadie le gusta, es más a mí tampoco. La pregunta que yo tengo es: Y ahora, ¿qué?

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    1. Mejor se lo preguntamos a Alexandr... próximamente ;)

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