miércoles, 26 de noviembre de 2014

IYUN.



—No sabes ahora mismo cuánto te odio.
Ella sonríe en sueños, sé que me ha escuchado y eso solo me cabrea más. Como si el hecho de tener que pensar en lo que me va a costar arreglar la cerradura del maletero de MI taxi no fuera suficiente. Y la abolladura y los rasponazos del interior. Y limpiar el barro o quitar el olor a vómito y muerto del asiento trasero.
—Maldita bruja.
Suelto su menudo cuerpo sobre el desvencijado sofá. Saber que se despertará dolorida, asqueada y con la marca de los muelles en la piel no me consuela demasiado. Bueno, sí, un poco sí.
Me inclino sobre ella, atraído por la sinuosa gota carmesí que cae desde su frente y la atrapo de forma inconsciente entre mis dedos. Al desmayarse en el asfalto se ha abierto la ceja y no tiene buen aspecto. Genial, sangre y un vampiro, qué comience la fiesta. Sin embargo, no es él quien me preocupa. Miro mi mano, impregnada con su olor, su esencia, su fragancia intangible y tan, tan  embriagadora. Dios. Huyo de mi propio salón y me encierro en el baño, frotándome con la pastilla de jabón hasta que lo único que percibo es el aroma a limpio. Esto me pasa por no comer bien. Sabía que la carne animal no sería un sustituto eterno, pero creía que duraría más. Joder, dos meses sin matar y me siento como un puto adicto al crack. Es entonces cuando me doy cuenta que he dejado a un chupasangre malherido con una tiernecita bruja inconsciente. Si no fuera Di tal vez hasta la podríamos compartir, aunque los cadáveres parlantes me dan repelús. Regreso al salón y lo descubro intentando pillar cacho.
—¡Eh, tú! —le grito y ni siquiera me presta atención.
Se agita como una alimaña, con los ojos desorbitados y los caninos expuestos. Permanece de rodillas, tirando de los grilletes que lo atan a la pared y buscando con los pies un punto de apoyo para impulsarse. Tendrá que esperar a que se le recompongan los huesos. De repente empieza a chillar, eso significa que los nervios de la columna vuelven a funcionar correctamente. Mierda. A este paso la vieja de arriba llamará otra vez a la policía.
—Quieto, bichito.
Es divertido ver su sorpresa cuando me ve aparecer frente a él en un parpadeo. Sé que ha advertido el cambio en mis pupilas y en el iris, sé que su lado sobrenatural percibe la milenaria relación entre nosotros y… el miedo. Oh, el miedo… Es un diminuto e inofensivo chute a mi autoestima. Rodeo su cuello y aprieto con suavidad, casi con dulzura. Él no es el único con dientes afilados, y se lo demuestro. Puede que al final no sea un desperdicio de San Valentín.





<< PYAT.
SEM.  >>


 Derechos reservados por la autora, Enara L. de la Peña / Fotografía Manuel Estheim.

5 comentarios:

  1. No te lo había comentado, pero es curioso que narres en presente en vez de en pretérito. No suele verse, pero en este caso queda bastante bien.

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  2. Debo comenzar a leer tu historia desde el principio. Me estoy destripando el argumento! Enganche

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    1. Aquí está la primera parte ;) : http://amapoladesangre.blogspot.com.es/2014/10/uno.html?m=1 ¡No más spoilers! :D

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  3. Se te había escapado alguna pista, pero quería creer que se trataba de un taxista normal y corriente. Aunque parece algo más que un simple chupasangres normal y corriente... ;)

    PD: Yo tampoco me había percatado de que la narración está en presente. Y esto demuestra una vez más que las segundas lecturas al cabo de un tiempo suelen venir bastante bien para asimilar una historia.

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    1. ¿Chupasangre? Yo no he dicho nada de chupasangres... :) Y sobre la primera persona, prefiero la tercera, creo que le da al lector más perspectiva, pero con la primera puedo meterlo en Di y Sasha y... es tremendamente divertido meterse en sus cabezas.

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