martes, 28 de octubre de 2014

DVA.

Voy a vomitar. Las luces, la música, el calor, el sudor. Saboreo la acidez y sé que voy a vomitar. Los servicios están ocupados, pero al lado hay una puerta que da al callejón. Ignoro la señal de ‘solo personal autorizado’ y devoro la primera bocanada de aire helado. Joder, está nevando. No, casi, es solo aguanieve. Peor, el vestido se pringará de barro.
Me inclino junto a una tubería que cruje bajo mi peso y suelto el desenlace de una horrible cena, una cita a ciegas infumable, cuatro cigarrillos rubios y uno negro, tres chupitos de tequila, un vodka con naranja, dos cervezas y una copa de… Ni me acuerdo. A estas alturas sentir vergüenza sería redundante y absurdo, así que me limpio con el dorso de la mano y me acurruco, cubriendo cada trozo de carne que el corto abrigo me deja, el cual no es mucho. Es entonces cuando le veo venir.
Tardo en reaccionar, seguramente porque acabo de expulsar hasta el páncreas por la boca, y para cuando me incorporo en una ridícula posición de defensa, él está frente a mí, tan cerca que veo su iris rojizo. Mierda, le conozco. 
Descarto opciones a la misma velocidad que la adrenalina hace desaparecer mis náuseas. Voy a lanzarle el zapato de tacón, pero recuerdo que me han costado 15.000 rublos y deben seguir en mis pies. Aunque eso ahora es lo de menos.
—¿Qué haces aquí, Alexandr?
No me contesta, apenas parece él mismo. Mi estúpida neurona de guardia, tras lanzar un millar de petardos contra el interior de mi sensible cráneo, consigue que el mensaje que va a salvarme la vida llegue al cerebro. Se ha convertido en un maldito bebedor.
Tengo cinco segundos, no, dos. Sé cómo se va a mover, qué quiere de mí, pero no le voy a permitir dar un paso más. Por suerte las palabras son más rápidas que los vampiros.
—¡Umirayet! —La magia no funciona soltándola a pleno pulmón, pero ayuda. 
Alexandr cae muerto junto a la tubería que me había servido de apoyo. No durará mucho así. Sé que me arrepentiré. Lo sé, lo sé. Escupo al suelo tres veces antes de coger el teléfono móvil y marcar el número de Sasha. Necesitaré unos brazos fuertes si quiero sacar el cuerpo de aquí a tiempo. Le miro. Ya me estoy arrepintiendo.




<<   ADIN.
 TRI.  >>


Derechos reservados por la autora, Enara L. de la Peña / Fotografia de Asalisinasa

4 comentarios:

  1. Vale, igual puedo esperar un poco más por la historia de Katya si me cuentas cómo sigue esta. Me ha gustado mucho, es como si yo mismo estuviera vomitando! La duda que yo tengo ahora es, habrá una historia titulada "TRES"?

    ResponderEliminar