martes, 30 de septiembre de 2014

XXV Tesh - De lobos, ovejas y otras muñecas rotas



Fuera empezó a llover. El olor del cemento húmedo se mezcló con el de los cerezos en flor del pequeño patio interior que había junto a la cafetería. El silencio se vio enturbiado por el repiquetear de las gotas contra el cristal de los amplios ventanales, resonando en las lisas paredes, en los vacíos rincones y en el aire que se había quedado estancado en los pulmones de la joven humana. Tesh sonrió, recuperando su habitual tono educado.
—Puedes relajarte, Ariadna —dijo—. Me considero un miembro civilizado de la sociedad. No saltaré por encima de la mesa para arrancarte la garganta ni bañaré con tu sangre el suelo de la facultad. Te dije que sería un desperdicio. Además, no actúo así. Yo no. 
“Ya no”.

La chica envolvía con sus manos la fría taza con el café intacto, seguramente replanteándose su situación actual. “Se está dando cuenta de su precaria posición, y no le gusta”. Por un lado le satisfacía su superioridad, no había nada que excitara más su reprimido instinto animal como el rápido y alterado palpitar de un asustado corazón. Sin embargo, no le convenía intimidar demasiado a la joven universitaria. “Si me ve como una amenaza se cerrará en banda, y para conseguir información tendré que usar métodos menos ortodoxos”. Esa opción quedaba descartada. Tras el incidente del novato con su novia humana, los ojos de la comunidad vigilaban cada uno de sus pasos, y un interrogatorio sin el permiso del Kral solo atraería problemas. “Si lograra el beneplácito de Luka… No”, compartir sus descubrimientos no iba con su forma de ser, ya tenía suficiente con tener que entregar los datos conseguidos en Moscú. “Que se conforme con las migas. Esto me lo quedo para mí”.
—Es muy sencillo, yo hago unas preguntas y tú las contestas. A cambio Aarón no pisará la Universidad y tendrás mi protección como…
—No, ni hablar —le cortó Ariadna con inusitada firmeza—. Nada de intercambios de sangre o cosas raras. Sé que algunos de vosotros coleccionáis personas como si fueran mascotas. He visto cómo los cazáis y, después de domesticarlos durante meses, los dejáis tirados en cualquier callejón como juguetes rotos. No pienso ser tu muñeca.
Tesh la observó en silencio durante unos segundos, ocultando su sorpresa tras la máscara de vulgar mortal que había ido perfeccionando a lo largo de los siglos. Cada vez que ella abría la boca hacía que tomara en consideración su importancia. “Sabe demasiado. Puede ser muy peligrosa”.
—De acuerdo —aceptó con un asentimiento de cabeza—. Aun así te aseguro que ninguno de los míos te molestará. Éste es mi territorio.
—Y nosotros tus ovejas de corral.
El profesor no pudo contener la media sonrisa de suficiencia.
—¿Acaso importa? No hay lobos en mis terrenos.
—Solo estás tú y el otro grandullón.
“Gideon”. Se concentró en el área que le rodeaba. Al menos esta vez su entrometido hermano menor no se encontraba cerca.
—Solo yo —sentenció Tesh.
“Y tú eres la única presa que me interesa cazar”. Detuvo ahí su pensamiento. La proximidad de esa chica le estaba afectando con más fuerza de la esperada y la falta de una alimentación correcta no era excusa. “Puede que sí acabe lanzándome a su garganta, tan blanca, tan lisa y tan suave”. Se contuvo, apretando la mandíbula, sintiendo la punta de los colmillos lacerando el interior de sus mejillas. Iba a ser una charla muy, muy tensa.





Derechos reservados por la autora, Enara L. de la Peña / Fotografía Laura Makabresku

2 comentarios:

  1. Hola me gusto el estilo de tu blog, yo me quedo por aqui, saludos ^^

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  2. Gracias! Espero verte por aquí a menudo :)

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