jueves, 25 de septiembre de 2014

XXIV Katya - Confesiones de una bluthure


El calentador se había vuelto a estropear, así que la ducha iba a ser forzosamente rápida. Katya se recogió el pelo y se adentró bajo la efímera cascada de agua caliente con un gemido, mezcla de placer y de dolor. Le picaba toda la piel y sentía cada fragmento de su ser en carne viva. El agua a sus pies se volvió sonrosada, limpiando la sangre seca. Sus músculos estaban agarrotados y las conexiones cerebrales no funcionaban correctamente. "Esta vez se ha pasado". Sin embargo, no podía estar enfadada con él.
Cerró el grifo y cuando se giró a punto estuvo de resbalar. Si no fuera por sus firmes brazos, se habría abierto la cabeza con el borde de la bañera. Si no fuera por su mirada bicolor...
—¿Me echabas de menos, schön?
Gideon la apretaba contra su pecho desnudo, rozando con su piel las mismas zonas de las que se había adueñado durante todo el día y toda la noche. A pesar del cansancio, su cuerpo reaccionó a la cercanía del vampiro, con suaves escalofríos que ascendían desde su vientre.
—Eres tú el que ha venido a por mí —repuso ella a su mirada sedienta. Siempre hambrienta de más sangre, más sexo y más violencia. Nunca era suficiente. "Yo no soy suficiente".
—Porque me perteneces. —Gideon remarcó sus palabras deslizando la mano por sus caderas e introduciendo un dedo en su interior—. Eres mía, mi bluthure, de nadie más.
"Son celos". Eso era todo. Tras el ataque de su jefe, Tesh, se escabulló hasta el coche, de vuelta a la madriguera de su casa. Necesitaba salir de ahí. No podía negar que el profesor le atraía, pero era imposible, sobre todo tras el regreso de Gideon. "Dos años sin saber nada y en cuanto aparece me pierdo por una orden suya". No sabía hasta qué punto era por su culpa o por la sangre de él, por ese intercambio que hicieron antes de que se marchara detrás de su hermano. "Dijo que me necesitaba. Nunca habló de amor". Sin embargo, su corazón tarareaba otra melodía. 
"Soy demasiado estúpida". La noche anterior apareció en su casa. Abrió la puerta y ahí estaba. Apenas tuvo tiempo de soltar el bolso ya estaba sobre ella, arrancando blusa y  falda. Hicieron el amor en el pasillo de forma brusca, rápida y vulgar; manchando el suelo con gotas de sangre y sudor. "En realidad solo vino a reclamar su propiedad, a marcar de nuevo su territorio". No había romanticismo ni besos dulces en su relación, tan solo encuentros ocasionales que le recordaban la posición que ocupaba en el cruel mundo de los vampiros. Una bluthure. Una puta de sangre. "Su puta". Se sintió avergonzada, no era un cargo que le disgustara demasiado.
—Tienes que volver a la universidad —dijo Gideon alejándola de sus reflexiones—. Tienes que conseguirme esa información.
—Pero...
El vampiro le agarró el mentón, clavando sus afilados dedos en la tierna carne, en el frágil hueso. Su mirada se volvió turbia, oscureciendo el iris azulado y transformando el negro en un tenebroso abismo.
—¿Quién es tu amo? 
—Tú.
Respondió sin pensar. No tenía que hacerlo cuando le hablaba con esa voz dulce y amarga, profunda, suave, con esa entonación que acariciaba las fibras que unían su ser, que manipulaba a placer los finos hilos de su propia esencia. 
—¿A quién obedeces?
—A ti.
—Te doy una orden...
Y yo la cumplo.
—Perfecto.
Gideon sonrió, o más bien curvó su boca demostrando su aprobación. Por alguna absurda e incómoda razón, ese gesto hizo que ella se sintiera orgullosa. Feliz. Enamorada.
—Ahora gírate, aún tengo hambre.
Katya obedeció, como siempre hacía. Y lo seguiría haciendo. "Hasta que muera o me mate". Así era la vida de una bluthure           






 Derechos reservados por la autora, Enara L. de la Peña / Fotografía de Laura Makabresku

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