viernes, 19 de septiembre de 2014

XXIII Ariadna - Café cortado


—Y esto debería sorprenderme, asustarme o... ¿qué?
Si no fuera porque estaba frente a un muerto, a Ariadna le habrían entrado ganas de reírse. La cara de Tesh era un poema que oscilaba entre el enfado, la incertidumbre y la curiosidad. Evidentemente la reacción de ella no era la esperada. "Un punto más para mí".
—Una cafetería vacía no va a impresionarme, profesor —continuó, pronunciando la última palabra con desgana—. Ahora tengo que preparar mi propio café, qué fastidio...
Caminó hacia la barra de la cafetería de su facultad. A pesar de ser hora punta no veía el habitual enjambre de estudiantes; ni rastro de alumnos ni de profesores, como si acabara de despertar en medio de un apocalipsis zombi. Aunque en esta ocasión con vampiros. O más bien un vampiro, sentado en la mesa central de la sala con expresión aturdida. Poco tardó en recuperarse.
—No pretendo impresionarte —dijo girándose hacia ella, que seguía rebuscando detrás de la barra el sucedáneo de café más fácil y rápido de preparar. Encontró unos sobres y casi dio un brinco de alegría.
—Ya, claro, y tampoco quieres desangrarme. Por supuesto que sí. —Volvió a la mesa y se sentó frente a Tesh con una taza tibia entre las manos—. No eres el primero que conozco. Y todos sois iguales. Todos. Arrogantes, prepotentes, insufribles... y eso que nunca me he sentado a hablar con uno.
—¿Un qué? Todavía no lo has dicho.
Ella puso los ojos en blanco.
—Un vampiro, ¿contento?  
—Sí —sonrió con suficiencia.
—¡Oh, venga! ¿Y ahora vas a enseñarme los colmillos? ¿Me vas a hablar de vuestras sangrientas tradiciones? ¿O simplemente me matarás?
—¡No! —Parecía genuinamente horrorizado—. Sería un desperdicio. Y no, no te hablaré de nuestras tradiciones, pero si quieres que te enseñe los colmillos...
Tesh dejó el final de la frase en el aire con una entonación demasiado sugerente para su gusto, casi obscena. "No olvides qué es. No te confíes". Ariadna de repente se aferró a la bandolera con fuerza, arrepentida por no haber incluído una estaca de madera entre los cuadernos y el neceser. "¿Serviría de algo?". Sabía tan pocas cosas de ellos... y cosas importantes. Como por ejemplo:
—Dime cómo os mato.
—¿Qué? —El profesor abrió mucho los ojos. "Seguro que en su mente esta conversación tomaría otra dirección".
—Vuestros puntos flacos, objetos que os repelen, debilidades... Si quieres que siga con esta farsa, necesito que me des información útil. —No se le daba bien poner cara de póquer, pero lo intentó.
—¿Es que quieres convertirte en cazadora? —dijo con sorna
—Dímelo o me iré. No pienso aguantar estas tonterías.
—¿Ni por tu amiga?
Ariadna se mordió la lengua. "Cris". Había aceptado acudir a esa cita para protegerla del psicópata de su novio. Estaba sentada frente a un vampiro por ella. Se sentía estúpida y frágil. Cada vez más torpe. El rechazo de Matt fue un duro golpe a su autoestima. "Mi vida no puede ir peor, ¿qué importancia puede tener incluir a un vampiro cotilla? Ninguna". Ese razonamiento le había dado valor, hasta ahora. Tragó saliva y su orgullo encogió visiblemente.
—Bien, así está mejor. —El vampiro entrelazó las manos sobre la mesa—. Vamos a empezar otra vez, Ariadna, desde el principio, ¿de acuerdo?
Estaba sonriendo, con los colmillos completamente expuestos. "Tengo un mal presentimiento".





Derechos reservados por la autora, Enara L. de la Peña / Fotografía Laura Makabresku

3 comentarios:

  1. Un título muy original para un desarrollo atrayente

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  2. Lo mejor es cuando "pones a hablar" a los personajes, muy buenos diálogos.

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