miércoles, 3 de septiembre de 2014

XXII Cris - Amor muerto, amor olvidado




Cris se despertó involuntariamente, forzada a abrir los ojos sin su consentimiento. Tenía la mente totalmente inmersa en un maravilloso descanso de sueños inocuos cuando algo la sacó de golpe. No, alguien. La llamaban por su nombre.
—Cristina, despierta.
Abrió los ojos sin terminar de reconocer la voz, sin saber a qué se enfrentaría esta vez: ¿A su novio con la cara desencajada? ¿A un médico con gesto inexpresivo? ¿A su tía con los ojos enrojecidos y la máscara de pestañas diluída? La luz de la habitación estaba apagada, así que tuvo que conformarse con el de las farolas, colándose por los huecos de la persiana de la ventana.
—¿Profesor? —"¿Qué hace el profesor Tesh aquí? ¿Sigo soñando? ¿Es una alucinación?". Sabía que estaba medicada, lo notaba en sus músculos entumecidos y en la boca pastosa. "Al menos el cuarto no da vueltas"—. ¿Qué...?
—No hace falta que digas nada, querida —le interrumpió el visitante nocturno—. Solo escucha y mueve la cabeza. No te esfuerces demasiado.
Ella asintió, obediente. Era difícil negarle algo al profesor, con esa carencia suave y melodiosa al hablar. Cada palabra flotaba en el aire y se deslizaba hasta su subconsciente, rozando cada fibra que la conectaba con la realidad. Se había quitado las gafas de pasta y en el iris almendrado pequeñas motas doradas brillaban de forma antinatural, confiriéndole a su habitual mirada amable un toque tenebroso. Cris se quedó paralizada. Conocía esa expresión. "Él no es el primero que me mira así".
—Hoy te has desmayado en casa de Aarón, tu novio.
La chica asintió. Recordaba fragmentos de esa tarde. Al principio fue cariñoso, como siempre y luego... era borroso. Había sangre. "¿Había sangre? ¿De quién?". Y por último vino el cansancio. Estaba agotada. "Por algo. Por él. Él me... Aarón me...". Las lágrimas se acumularon entre las gruesas pestañas hasta que la voz del profesor la trajo de regreso al presente.
—No sabes lo que ocurrió, ¿verdad, querida?
Ella negó, desconcertada. "Sí, lo sé", pensó dubitativa, "¿no?". De repente no estaba segura de sus propios recuerdos. Boqueó como un pez moribundo, sin encontrar las palabras en su memoria. "Lo sé. Lo sé. LO SÉ".
—¿Verdad que no?
Cris volvió a negar con más ímpetu y ahogó un sollozo. Algo dentro de ella se desmoronó. Una imagen, una verdad. El profesor sonrió, satisfecho, igual que hacía cuando acababa la clase. Se incorporó, caminando hacia la puerta. La chica abrió la boca una vez más en un intento desesperado, con la congoja atragantada. 
—Pero yo le quie...
—¡No! —El aire de la habitación vibró, cargando el ambiente con un suspiro inhumano. Le costaba respirar—. No volverás a verle. Odiarás su recuerdo, su simple presentecia te asqueará y no dirás su nombre, jamás.
Un portazo. Un silencio. Poco a poco, las lágrimas de dolor se disiparon, sustituídas por un profundo sentimiento de desconfianza y rabia. 
"Es cierto, le odio". ¿Cómo había podido olvidarlo?
 




Derechos reservados por la autora, Enara L. de la Peña / Fotografía Laura Makabresku

1 comentario:

  1. ¿Cómo había podido olvidarle?....A veces las cosas pasan y vuelven a tu mente, como un accidente... <>

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