martes, 9 de septiembre de 2014

Día y Noche (1)



¡Cállate! ¡Qué eres! ¡No eres nada!
 —La boca le sabía a hierro, azufre y brea—
¡No eres nadie! Tan solo una triste y olvidada criatura.
Nada más que un ser moribundo sin esperanzas.
¡Qué eres! ¿Un dios? ¡No eres nada!
Un dios muerto. Otro más.

Day apoyó la frente contra los azulejos de la cocina, tratando de aplacar el punzante dolor de cabeza con el que se había despertado.
—¿Qué tal has dormido? —La amable voz de Nate le dio la bienvenida junto al microondas. Llevaba un tiempo con la moda de los tés. Day echaba de menos el olor a café por la mañana, entre otras cosas.
—He vuelto a soñar con los antiguos dioses.
Una cucharilla cayó al fregadero y fue como si un millar de campanillas repiquetearan  dentro de su cráneo.
—¿Estás bien? —preguntó ligeramente ansioso, perforándole el rostro con sus enormes ojos marrones. Ese tema de conversación le ponía los pelos de punta a cualquiera.
—Sí —mintió.
“Ellos están muertos y yo…”. Se llevó la mano a la garganta de forma automática. Sentía el pánico ascendiendo por su piel, recordando a mordiscos las escenas que quería enterrar con todas sus fuerzas. Fue inútil. Carraspeó y escupió sangre en el fregadero. Él la miró, con la deprimente preocupación que se había anclado a su expresión hacía más de un siglo, o puede que dos. Las gotas de alegría se habían ido evaporando de su cariñosa mirada y ahora solo quedaba dolor y miedo, mucho miedo. “No le culpo”.
—Pensé que ya te habrías marchado —dijo ella mientras se sentaba en una de las sillas con menos manchas de grasa. Había dos, así que no tuvo que dudar mucho—. Son más de las diez, ¿no?
El reloj de la pared llevaba un mes sin pilas.
—Una compañera me debía un favor y le pedí que hoy me sustituyera. —Su voz se fue apagando y la última palabra fue casi inaudible.
Nate se mostraba tímido o incómodo en pocas ocasiones. Day intuyó el camino que iba a tomar la conversación y no le gustó. Le miró con el ceño fruncido. “No sigas por ahí”. Pero siguió:
—Vamos a ir.
—No.
—¡Pero…!
—¡Te he dicho que no! —Aspiró profundamente. Realmente necesitaba una taza de café—. No iré. No hablaré con ella. No hablaré con nadie. Te lo he dicho, estoy bien.
Su media sonrisa acartonada no iba a convencer a nadie, pero debía intentarlo. Se negaba a volver a ese lugar. “A ese agujero de oscuras pesadillas”. La puerta de atrás del inframundo nunca ha sido un lugar agradable.
—Deja de mentirme, Day. No soy idiota, deberías saberlo después de tanto tiempo. —Vació los restos de su taza de té con un intenso olor a limón y jengibre en el fregadero. Continuó hablando dándole la espalda—. Irás. 
—¿Vas a obligarme? —le provocó con un tono más infantil del que le habría gustado usar.
—No puedo, eso también lo sabes. —Enjuagó la taza y cogió el trapo para secarla—. Cada día estás peor. Llevas años así, décadas. Si sigues engañándome, o engañándote, una mañana vomitarás tus propios pulmones y yo me quedaré solo. Y moriré sin ti.
Podría haberlo dicho de una forma diferente. Podría haberle comentado que era porque la necesitaba, porque necesitaba su cuerpo, su sangre, su vitalidad para seguir caminando entre los mortales. “Pero no, tiene que usar esa voz de enamorado sin remedio”. Esa manera de hablar que utilizaba cuando estaban a solas abrazados entre las sábanas, con esa entonación y cadencia que habían sido capaces de traerla del más allá. Dos veces. Day suspiró.
—Mierda. Vale.
Nate se giró y, atrapándola entre sus brazos, besó sus labios con ternura . Ella se apartó con las mejillas sonrojadas. Odiaba cuando regalaba besos de gratitud. “Soy yo quien debería estar agradecida”. También le quería por ello.
—Ve a ducharte, voy a prepararlo todo —comenzó él, solícito, con un brillo casi incandescente tras las pupilas—. Tengo que hablar con las tres erinias. Necesitaremos un reclamo y… ¡Ah! Un enlace.
—Un demonio —aportó ella, con desgana—. Pídeles un demonio.
—¿Un demonio? —Nate torció los labios—. No les hará gracia, cada vez son más difíciles de cazar…
“Porque sin luz no hay sombras”, terminó la frase en su mente y se frotó la sien de forma brusca, el dolor iba en aumento, y cuando habló apenas fue un susurro.
—No me mires así —recriminó a su compañero, que le observaba con una pizca de angustia asomando tras la emoción inicial—. Tengo parte de culpa, ¿qué quieres que haga? —Se encogió de hombros y Nate puso sobre la mesa un vaso de leche caliente y dos sobres de café instantáneo. “Es mejor que nada”—. Si las cosas fueran diferentes…
—Pero no lo son —cortó de raíz su inútil lamento—. Un sacrificio de sangre no arreglará nada, ni el arrepentimiento o las plegarias. Ya no importa. —Se sentó a su lado y acarició su mejilla—. Nada de eso importa. No hay dioses, ¿recuerdas?
Day le dedicó la primera sonrisa sincera de la mañana.
—Claro, cariño, yo los maté, ¿cómo quieres que lo olvide? —Removió con apatía la taza de café—. Son ellos los que no quieren dejarme en paz...





Derechos reservados por la autora, Enara L. de la Peña / Fotografía Laura Makabresku

8 comentarios:

  1. Brutal. Me ha encantado. Es muy de mi estilo.

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    1. Me alegro. Siempre es divertido cambiar de género, a ver qué sale :)

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  2. Te comparto, sin duda, me gustan tus relatos, tus ideas, tus intrepidantes aventuras y que arriesgues con algo nuevo, es drenaje para un nuevo comienzo, Gracias y a por todas!

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    1. Intrepidantes aventuras intrépidas :D Gracias! Y espero que mis próximos relatos te sigan gustando ;)

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  3. Me he dado cuenta que no había comentado esta entrada y la historia que cuenta sin duda alguna lo merece. Me ha gustado muchísimo y el concepto está genial: algo tan trascendental hablado durante una situación tan normal y cotidiana... La historia es muy buena aunque la ejecución tiene algo que me descoloca un poco, pero aún así me dan ganas de saber más sobre este mundo. ¿No te has planteado dejar a los chupasangres por una temporada? ;)

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    1. Jajaja, no eres el primero que me sugiere que abandone a mis vampiros durante una temporada... pero, ¿qué harían ellos sin mí? O yo sin ellos...
      Puede que la ejecución del texto te descoloque porque hay mucha información y datos de fondo que no he podido o querido explicar.
      Me gustaría recuperar a Day y Nate, algún día. Hay un proyecto por ahí dando vueltas que cada vez es más tentador. No sé cuándo ocurrirá, pero prometo que regresarán ;)

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  4. "Llevaba un tiempo con la moda de los tés. Day echaba de menos el olor a café por la mañana, entre otras cosas." Qué manera de describir los entresijos de los personajes con tan pocas palabras... Prometedora esta historia.

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    1. ¡Gracias! Espero poder retomarla algún día, Day y Nate me dejaron con ganas de más :)

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