martes, 12 de agosto de 2014

XIX Ariadna - Batidos de sangre rebeldes

 
—Matt. Ariadna localizó a su novio en la puerta de la facultad, charlando animadamente con otros compañeros, a punto de terminar su jornada diaria en la universidad. Parecía sorprendido, "bueno, llevo casi una semana sin dirigirle la palabra, es lógico", y lo primero que iba a hacer sería pedirle un favor—. Llévame en coche al hospital. Ahora.
Él asintió sin hacer ningún comentario y se montaron en el viejo Opel Astra. Eran las ocho de la tarde y el sol primaveral apenas se asomaba entre los altos edificios, convirtiéndose en manchas  borrososas que pasaban a su alrededor sin sentido. Matt condujo en silencio, moviendo solamente los músculos necesarios para circular por las estrechas calles de la ciudad, como si caminara por una fina capa de hielo y cualquier comentario mal interpretado hiciera crujir sus pasos.
—¿Pero qué ha pasado? —Se atrevió a preguntar tímidamente.
—No lo sé... —En realidad sí lo intuía, pero no era momento para exponer a Matt al mundo sobrenatural que se obcecaba en devorar a las personas que se le acercaban.
"Aún es temprano", maldijo mentalmente. A pesar de la creencia popular, las horas más peligrosas transcurrían durante el cambio de luz, cuando la noche estaba suficientemente cerca como para alterar los sentidos más básicos de cualquier vampiro. El sol siempre les irritaba y no había nada más tentador que una víctima cerca y bien disponible. Su amiga se había convertido en un batido energético antes de empezar la fiesta. "Solo espero que no la hayan...".
La habitación de Cris se encontraba en la tercera planta, y la compartía con otros dos pacientes. El doctor les impidió entrar, alegando que la hora de visita había terminado. Al menos se comportó informándoles de su estado:
—La paciente ha sufrido un choque hipovolémico o shock hemorrágico, es decir, el volumen sanguíneo circulante ha bajado a tal punto que el corazón se ha vuelto incapaz de bombear suficiente sangre al cuerpo.
—Entonces, ¿se ha desangrado? —Matt parecía más puesto en temas de medicina que Ariadna, aunque ella no necesitara de esas explicaciones para comprender la situación.
—Sí, básicamente esa es la idea. —El doctor suspiró, debía estar acostumbrado a que le escucharan sin que le interrumpiera un universitario alterado—. El problema es que no sabemos la causa. No había sangre en la ropa ni en sus órganos internos. Es como si se hubiera evaporado. Está estable, pero debemos hacerle más pruebas.
—Ya, claro. —Ariadna asintió, con la mente en otro sitio, atenta a las idas y venidas de batas y conjuntos blancos por los pasillos. En ese momento vio lo que buscaba, lo que nadie más percibía, pero debía deshacerse de los testigos—. Matt, cariño, tengo hambre. ¿Podrías bajar a la cafetería y traerme un sandwich? Vamos a esperar a que vengan los tíos de Cris.
Él salió disparado, contento por poder centrarse en una tarea. Era de los tipos que se ponían nerviosos si no tenía nada que hacer, y en una situación como ésta lo necesitaba lo más relajado posible. "A menos que en cinco minutos yo no haya vuelto; puede que entonces un novio celoso cabreado me venga de perlas".
Ariadna caminó con el chirrido de las deportivas delatando sus pasos. El sigilo no era lo suyo, y con ellos de poco servía. Torció a la derecha en el pasillo, siguiendo la estela que solo ella podía sentir, y se detuvo de golpe, con dos pares de ojos de brillo sobrenatural observándola de arriba abajo. Tesh y Aarón permanecían estáticos contra la pared. No simularon sonrisas ni amables intercambios de saludos o palabras de preocupación. Con ella no era necesaria esa pantomima.
—¡Hijo de puta! —Amagó con lanzarse hacia delante y asfixiar al joven vampiro, que la miraba con la boca abierta en una 'o' perfecta—. ¡Qué le has hecho a mi amiga!
Su mente racional le repetía que no tenía armas, que se enfrentaba a dos chupasangres y que en comparación de fuerza ella no era más que una hormiga. No importaba. En ese momento, ese breve e insulso instante, a mala hostia no le ganaba nadie.  
   


Derechos reservados por la autora, Enara L. de la Peña / Fotografía Laura Makabresku

1 comentario:

  1. Genial. Los dos últimos párrafos son una magnífica resolución de todo el ambiente enconado creado previamente. Enhorabuena.

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