miércoles, 30 de julio de 2014

XVII Katya - Amos y mascotas


Deberías corregir este texto y... —Un repentino impulso hizo que Katya alzara los ojos hacia la entrada del departamento, donde la figura del profesor Tesh la observaba fijamente desde el final del pasillo. Tuvo un horrible presentimiento. Mejor haz copias para todos, pero tendrás que subir a Ciencias Políticas, la fotocopiadora de aquí se ha estropeado esta mañana.
Ana, una de las alumnas estrella de tercero de Filología Inglesa, asintió con timidez y se marchó, tan obediente como de costumbre. 
"Necesito más tiempo".
No le gustaba nada la forma en que el profesor la miraba, con una determinación casi enfermiza. "Si ha decidido matarme, mejor ahuyentar a posibles víctimas inocentes". Puede que su superior se hubiera comportado de forma civilizada y educada hasta ahora, pero no debía olvidar su verdadera naturaleza. "Es un vampiro, nunca te fíes de los muertos. Al mínimo descuido te eliminarán, y no siempre de la forma más limpia".
—Buenos días, profesor, ¿en qué... ¡Ay!
Tesh agarró a su ayudante por el hombro, empujándola hacia el interior de su despacho. La lanzó sin miramientos contra su escritorio y echó el pestillo.
—¿¡Has sido tú!? —exclamó desde la puerta. Ella seguía sin comprender a qué venía ese alboroto, así que se mantuvo en silencio—. ¡Contesta! —bramó frente a ella, esta vez a un par de dedos de distancia. No lo había visto moverse.
—¿El q-qué? —titubeó, con las manos apoyadas en el escritorio, incapaz de reaccionar. Nunca había visto tan alterado al profesor.
—Moscú, querida. Solo tú y otras dos personas más lo sabían —explicó con voz grave, igual que el profundo gruñido de un perro antes de atacar—. Has tenido que ser tú...
—Yo n-no... 
Sus palabras quedaron silenciadas cuando sintió el aliento del profesor debajo de la oreja, aspirando lo que suponía era una mezcla de perfume y temor. "Son como animales, el olor del miedo los descontrola". Katya permanecía quieta como una estatua, con el escritorio como único elemento que la mantenía en pie. No era la primera vez que se acercaba de esa manera, pero pensar que sería la última hacía que su cuerpo temblara. El mordisco fue rápido, sin apenas tiempo para chillar. La mano del vampiro le cubrió la boca, deteniendo el grito de ayuda en su garganta herida. "Aun así, ¿quién me rescataría?". No había humano capaz de detener al vampiro cuando se alimentaba. "Y Gideon..."
Poco a poco, gota a gota, las ansias de escapar se fueron evaporando, transformándolo en ese extraño deseo que se arremolinaba debajo de su vientre. Tesh aflojó la presa y descendió la mano, dibujando la curva de su cintura y las caderas de mujer, rozando el final de la falda, en busca de la cálida piel.    
—No, profesor, por favor... —suplicó ella, con los límites entre el placer y el deber difuminados en un rincón de su consciencia—. Tesh... para.
"Eres mi bluthure". Las palabras de Gideon sonaron en su cabeza. Puede que no le gustara su significado, pero poseían un halo de verdad que no podía rechazar. Lo llevaba marcado a fuego en cada fragmento de piel que él había besado, en cada caricia a escondidas. Lo llevaba en la sangre.
Tesh se detuvo de golpe, separándose despacio de su ayudante humana.
—Tu sabor es diferente. Su mirada era una mezcla de desconcierto y satisfacción interrumpida. De ira derrocada por la confusión—. Perteneces a otro.




Derechos reservados por la autora, Enara L. de la Peña / Fotografía Laura Makabresku

2 comentarios:

  1. Como siempre me gusta cómo te expresas por escrito, sin florituras innecesarias :D Es más difícil de hacer de lo que parece.

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