miércoles, 18 de junio de 2014

XI Ariadna - Entre la espalda y los colmillos



“¿Cómo demonios me he dejado engañar?”. 
Ariadna había caído en una trampa.
Esa tarde accedió a tomar un café con Matt en un bar de las afueras del campus. Divagaron inútilmente durante una hora, evitando "la conversación", con menciones absurdas a profesores estrictos y alumnos estresados. Una pérdida de tiempo, que aumentó con la "repentina" aparición de Aarón y Cris. Ella seguía enfadada, por lo que casi ni se saludaron, y su novio vampiro se entretuvo marcando el territorio de su nueva víctima en cuanto Ariadna alzaba la cabeza. Miró hacia la puerta, nerviosa, con un insoportable picor en la palma de las manos, y supo que fuera estaba anocheciendo. "La hora de los muertos" estaba a punto de comenzar. Y el muerto al que menos le apetecía ver hizo su entrada en el bar.

4 días, 6 horas y 25 minutos, era el tiempo que había conseguido permanecer alejada de él. Tesh se sentó presidiendo la mesa, con una pareja a cada lado, y le dedicó una sonrisa ladina cuyo objetivo no era otro que provocarla. "Esto es demasiado".
De alguna forma que no llegaba a comprender, el profesor adjunto se había convertido en el líder del grupo tras narrar un par de anécdotas medio graciosas. Cris y Matt le miraban embelesados, hechizados por sus palabras, "embobados por su magia o lo que sea que idiotiza a los humanos". Menos a ella. Aarón simplemente seguía el juego como un buen alumno más. Sus continuos asentimientos de cabeza y su justa participación en la conversación demostraban quién estaba por encima de quién en el ranking vampírico. Sus amigos brindaron con cerveza, hicieron bromas y rieron los chistes del amigo de Matt.
“No puedo más”. Iba a levantarse para ir al servicio y a continuación se largaría del bar sin levantar sospechas. “Que les den a todos, no pienso quedarme para que ése me mire como si fuera un trozo de carne”. De hecho, cada mirada de soslayo era como una radiografía completa de su anatomía. Hasta que él vio algo que llamó más su atención.
Algo no iba bien, había otro de ellos. Uno que no le gustaba a Tesh. “Mala señal”.
—Vete —el vampiro se inclinó hacia Ariadna para susurrarle. Era la primera vez que le dirigía la palabra directamente y, por su voz, parecía una advertencia muy seria—. No te preocupes del resto, yo me encargo. Pero si te quedas aquí, te convertirás en su presa.
“¿Su presa? ¿La de quién?”. Apenas se planteó la cuestión en su mente, lo vio. Le sacaba una cabeza, de complexión fuerte y vestido con un traje completamente negro, parecía recién salido de un funeral. No sabía si era por su extraña percepción, pero ese ser solo irradiaba una sensación: “Peligro”. Si antes tenía ganas de huir, ahora quería esfumarse. Tesh le guiñó un ojo, y aunque no le gustó nada, lo aceptó como el disparo de salida. Cogió su bolso y se marchó sin despedirse de su supuesto novio ni de su amiga. “Puede que sean unos traidores, ¿pero hago bien dejándoles expuestos? ¿Puedo confiar en él?”. No tuvo tiempo para reflexionar. Dio un último vistazo antes de salir por la puerta. "Fallo. Me ha visto”.

Derechos reservados por la autora, Enara L. de la Peña / Fotografía Laura Makabresku 

2 comentarios:

  1. Me gusta, me gusta la trama de este relato

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    1. Gracias, Marga, espero que te siga gustando, porque se va complicando Jeje

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