miércoles, 4 de junio de 2014

VII Matt - Viejos amigos, nuevos enemigos



—No sabía que tuvieras novia —Tesh enarcó una ceja.
—Y yo no sabía que hubieras vuelto a la ciudad.
Los dos hombres se escrutaron durante unos segundos, en silencio. La tensión se difuminó en cuanto Matt sonrió, mostrando toda su dentadura.
—¡Cabrón hijo de puta! —dijo bromeando, y se acercó para abrazar amistosamente a Tesh—. Tendrías que haberme avisado.
El profesor adjunto le devolvió el gesto, encogiéndose de hombros.
—Acabo de llegar, apenas he soltado las maletas en la residencia y ya me han mandado a clase —explicó, con una clara expresión de disgusto.
Matt se rio y rodeó a Ariadna por la cintura de forma protectora. "Es tan tímida...". Le habría gustado besarla con ternura, pero por su cara de pánico sabía que no era el momento adecuado. Y tenían una charla pendiente, “por poca ilusión que me haga”. De momento tendría que conformarse con la caricia por encima de la camiseta.
—Responsabilidades y más responsabilidades —continuó su viejo amigo—. Así que… ¿Ésta es tu novia?
—Sí, ¿no os habéis presentado ya? —le preguntó a la chica, que tiritaba pegada a él. Matt la acercó más a su costado, “está helada”—. Ariadna, Tesh. Tesh, Ariadna. Cuando te largaste del país aún estaba reuniendo el valor necesario para conquistarla.
Sonrió a la joven de forma cómplice, que le devolvió un triste mohín sin gracia. Ésa era una de las razones por las que debían hablar, además de la manera en que estaba mirando a su amigo. Ya había visto esa reacción antes y no le gustó nada su fría explicación. Tendría que preocuparse por ello más adelante.
—Tampoco ha pasado tanto tiempo —siguió el profesor—. Tú ya deberías estar licenciado, creí que te habrías vuelto a Londres en busca de un trabajo decente.
Matt negó con la cabeza.
—Quería hacer la tesis doctoral —hizo una pausa—, puede que después me marche.
“A menos que tenga una razón para quedarme”. Lanzó una mirada  llena de intención a Ariadna, que trataba de esconderse debajo de su hombro. Realmente esperaba que ella fuera esa razón.
—Oye, tenemos que celebrarlo —soltó Matt de repente—, tu triunfante regreso.
—De triunfante tiene poco, aunque se ha vuelto interesante…
Si no fuera por su amistad, la mirada que le dirigió a su novia lo habría inquietado. Pero se conocían desde que entró como novato en la facultad; él le ayudó a seguir estudiando lo que realmente le apasionaba y a quitarse de en medio al controlador de su padre.
—Vayamos al Marlene’s esta noche —sugirió Matt—. La cerveza está a mitad de precio hasta las once.
—Claro, tráete a tu chica y nos ponemos al día.
—Por supuesto.
—Nos vemos esta noche, Ariadna —se despidió, con una amplia sonrisa de dientes blancos.
“Si no fuera porque somos amigos…”.

Derechos reservados por la autora, Enara L. de la Peña / Fotografía Laura Makabresku

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