domingo, 1 de junio de 2014

IV Ariadna - Miedos del pasado, presente y futuro



“Malditos vampiros”.
Ariadna se apoyó contra la fachada de cemento gris de la facultad de Ciencias de la Comunicación. A su alrededor los alumnos fumaban con fruición, como si cada calada les proporcionara segundos extra de personalidad.  Ella ignoró el humo, en ese momento las enfermedades pulmonares eran una de sus menores preocupaciones.
“Malditos, malditos vampiros”.
Conocía su existencia desde los quince años. Nunca, jamás, contaría cómo lo descubrió, pero lo hizo. Y desde entonces sus pesadillas caminaban junto a ella de día y de noche. Sobre todo de noche. El guarda de seguridad del trabajo de su padre, el conserje del edificio central de la universidad, uno de los expertos buscadores de la biblioteca. Nadie se libraba, y ahora tampoco su única amiga.
De niña, su madre le hablaba de seres tenebrosos que cazaban a jovencitas para alimentarse de ellas, las hipnotizaban y las dejaban moribundas en cualquier callejón. Entonces Ariadna creía que no eran más que cuentos de terror que la obligaban a mirar debajo de la cama en cuanto el sol se ocultaba. Pero se equivocaba. Su madre estaba muerta, y con su padre las conversaciones se limitaban a: Cuánto necesitas este mes y no estaré en la ciudad, así que no me llames. Solo le quedaba Cris. Y Matt. “Bueno, tal vez Matt ya no”. Debían verse, hablar, dejar las cosas claras, y todo eso le producía una horrible jaqueca. Las relaciones sociales eran otro de sus fracasos como persona. Echarse a correr en mitad de una calle concurrida o buscar la salida más cercana en el centro comercial no era la mejor manera de hacer amigos duraderos.
“Y ahora el imbécil de Aarón querrá quitarme de en medio”. No era tonta, a ellos no les gustaba exponerse, y que una simple humana lo reconociera era un peligro para los de su especie. “Lo que me faltaba”, pensó, volviendo al interior del edificio, envuelta en una nube que apestaba a tabaco, “a este paso voy a acabar sin  novio, sin amiga y muerta”. Suspiró.
“La vida es un asco”.




Derechos reservados por la autora, Enara L. de la Peña / Fotografía Laura Makabresku

2 comentarios:

  1. Yo fuera Ariadna me hubiera metido en un agujero bien profundo y no saldría ni para respirar. Uff.. Pobre chica. Eny, buen trabajo. Estoy enamorado de tu escritura.

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  2. Gracias! Ari en el fondo es más fuerte de lo que cree, o eso, o una cobarde sin solución. Una no-heroína encubierta ;)

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